Cuando me enteré que PJ Harvey sacó un álbum me sorprendió bastante. Luego leí que en este disco utilizaba el piano (un instrumento que nunca antes había utilzado), y que usaba un tono de voz bastante más agudo y solemne, y ahí no me gustó para nada. Leí malas críticas, y el shoutbox de PJ Harvey en last.fm estaba lleno de comentarios del tipo "¡Qué embole que es White Chalk!". No esperaba mucho; es más, esperaba un álbum muy aburrido, pero me lo bajé igual a ver qué onda.
Cuando vi que el disco duraba poco más de media hora me alegré (me gustan los álbumes cortitos), y entonces lo escuché. Me pareció mejor de lo que esperaba, pero me aburrió mucho de todas formas: mi primera reacción fue "¿Por qué se convertió en un clon de Tori Amos? ¡Es PJ Harvey, no necesita hacer eso!". Lo ignoré bastante, pero luego leí en varios lados que este disco era un grower, así que le di otra chance, y mi reacción fue la misma de antes.
Lo seguí ignorando, hasta que el lunes mientras estaba en mi casa hablando con una amiga, puse el iTunes en shuffle para tener algo de música de fondo (obviamente salteando todo lo que era hardcore, industrial, noise, no wave, o cualquier otra cosa muy estridente), y en un momento el shuffle me tiró "Dear Darkness", el segundo tema del disco, y me cautivó. Le encontré cosas que antes no me habían causado nada. Ahí decidí escucharlo de nuevo.¿Qué decir? La diferencia entre esta tercera escucha y la primera o la segunda fue inmensa, y a lo largo de la semana lo fui escuchando tres veces más. Lester Bangs dijo una vez del maravilloso The Marble Index que "no es algo que escuchás, es un hoyo en el que caés". Lo mismo se aplica a White Chalk, cuyas melodías siniestras (luego de un tiempo, eso sí) logran apoderarse de uno: al igual que la obra cumbre de Nico y Geek the Girl de Lisa Germano, es un disco que te hace ver la imagen de una loca poseída que canta para expurgar todas sus penas y traumas, interpretando sus letanías ante un público inexistente. En ese sentido, escuchar White Chalk se siente como espiar la celda de una desquiciada en un asilo, y observar de modo voyerístico todo lo que se despliega de su locura. Si bien PJ Harvey hizo un álbum muy diferente a cualquier otra cosa que haya hecho anteriormente, logró que este disco sea uno de los destacados de su carrera, aunque sea, lejos, el menos inmediato.



